Pintar sonrisas, mi experiencia como voluntaria

25 abril, 2012 en Actividades, Noticias

Firmado por Rebeca Brandi

Soy voluntaria desde los 10 años, más o menos, y a mis 25 años aún recuerdo el primer trabajo que hice como voluntaria. Fue en la Iglesia de la Resurrección, allí todos los jueves se repartía comida y ropa, yo deambulaba por ahí sin saber muy bien qué era todo aquello y quiénes eran esas personas que venían siempre con expresión triste y que en vez de comprar la ropa en la tienda, venían y se llevaban la que estaba usada.

Un jueves llegaron un montón de cajas de naranjas y limones… y de esas cajas empezaron a hacer bolsas para repartir entre todas esas personas que venían. Poco a poco ese número aumento, y decidí que podía ayudar a mi abuelo, Luis Ruiz Poveda, que incansable daba comida y hablaba con todos, esas personas siempre sonreían cuando se iban, creo que eso fue lo que me hizo querer ayudar, ver que podíamos poner una sonrisa en las caras de aquella gente. Así que me acerque a mi abuelo, y le pregunté si le podía ayudar, él sonrió y me dijo que si, que lo que podía hacer era separar los limones podridos de los que estaban bien. Y yo me puse a separarlos, y, al rato, cuando llevaba una caja entera, me volví a acercar a mi abuelo y le pregunté que cómo iba a ayudar a la gente que venía separando limones y naranjas… él volvió a sonreír y me dijo: “Ese es un trabajo muy importante, imagina que las bolsas se las fuéramos a dar a tus padres, o a tus amigos, ¿qué es lo que meterías?” yo contesté “los mejores limones” y él volvió a sonreír y me dijo “ piensa que esas personas son también tu familia, se merecen lo mejor”.

En aquel momento no me di cuenta de todo lo que quiso decirme, hoy, tras años de voluntariado, me he dado cuenta de que aprendí esa lección muy bien, que cuando doy mi tiempo, mi trabajo y mi ilusión en ASP, lo hago porque veo que las personas que vienen necesitan esa ayuda que las prestamos, y, como cuando era pequeña, veo esas sonrisas al marcharse. Sólo que ahora sé qué es lo que las ha puesto en sus rostros no es la bolsa de ropa que se llevan, sino que les hemos tratado como personas. Esa fue mi lección, que todas las personas se merecen lo mejor,  que no por el hecho de tener necesidad tienen que aceptar los desperdicios o los limones podridos. En nuestro trabajo no sólo les damos ropa, o comida, también les damos dignidad, eso es lo que marca la diferencia.

Por eso cada jueves soy voluntaria y ya sea ropa o comida sigo preparando para ellos “los mejores limones”

Print Friendly

Tal vez te interese leer:

  • No hay publicaciones relacionadas